lunes, 14 de mayo de 2007

La pintura anaranjada



La lluvia se encargo de no inmortalizar a Ricardo. Mientras trascurrían las gotas por su cuerpo mojado por la lluvia. Levantó su mirada hacia el cielo rosado. Y respiro el aroma del rocío recién llegado la mañana. Suspiró. Fue ahí, en ese instante que se percató de lo sucedió. La musa la había abandonado. En ese instante, no quedaba otra alternativa, nada más que realizar. Nada más, excepto lo evidente; recoger el cuadro y protegerlo de la lluvia. ¿Y la pintura? ¡La pintura amarilla! ¡Esta recién mojada! No importa. Eso es lo que la musa hubiera querido, que fueras libre, sin convencionalismos, sin ataduras. ¡Eres libre Gabriela! Por fin ha llegado tu hora. ¿Y que dirá el Ricardo? Es su cumpleaños, ha de estar contento. En ese momento decidió recoger toda su humilde obra. Pero solo un pequeño detalle; no encontraba como doblarla. Como un niño ingenuo que su madre le pide que doble las sabanas de la cama. Y frente a ese inmenso reto opta por enrollarlo como un pergamino. Así hizo Gabriela. ¡Enróllalo rápido Gabriela! ¡Antes de que la musa te falle y te abandone por completo! ¡Guárdalo Gabriela! En ese momento colocó el manto de canvas sobre su cuerpo. La lluvia continuaba saturando la obra. Amenazando contra su creación. Ya las líneas se confundían entre si; y se traspasaban al vestido de Gabriela. Aquel vestido blanco que le con tanta frecuencia lo llevaba puesto. Había sido transformado en una extensión de su cuadro saturado de pintura amarilla. Y el rostro de Ricardo que tan meticulosamente había trabajado Gabriela, se fue desvaneciendo. ¡Se te va la musa Gabriela! ¡Llévaselo! ¡Llévaselo a Ricardo antes de que amanezca, pues es su cumpleaños y ha de estar contento! ¡Lo sorprenderás, Gabriela!, Y permanecerás grabadada en su memoria, Gabriela, para siempre. ¡Aunque la musa te abandone, él nunca te abandonara! En ese momento Gabriela subió las escaleras de la casa. Desbocada por los callejones de la cuidad. Desbocada sin aliento, llego hasta el pie de aquel humilde apartamento. El de los cuartos pintados a mitad.

--- ¡Ricardo! ---Gritó Gabriela., Sus manos, sus codos todos cubiertos de aquella pintura amarilla. El lenguaje ya le fallaba. Y al igual que la musa, amenazaba con abandonarla, La gravedad le halaba la sangre de su rostro como un imán hacia sus manos; hacia sus pies. Su rostro cada vez más lívido, cada vez más débil. Suspiró de nuevo. Caos; Desorden. ¿Donde es arriba? ¿Donde es abajo? Dolor y alegría. Frío y calor. Ansiedad y alivio. En una tormenta de paradojas se encontraba la pintora. En ese instante se escuchó el chillido de la cerradura oxidada de la puerta. Una figura salía del vestíbulo. El vestíbulo aquel de la casa mitad pintada.

--- ¡Ricardo, Se fue se me fue! ¡Me ha abandonado!

--- ¿Que dices?---preguntó el Ricardo aun dormido a medias. No estaba preparado lo que estaba por presenciar. Muchos anos después, le perseguiría la imagen. Recordaría aquella mañana fiel, como la mañana donde el aroma del rocío penetraba todas sus entrañas. Aquella mañana.

---- ¡Gabriela!

Y así cayó el canvas al suelo, y se derramó la pintura amarilla recién aplicada en un río de pintura amarilla, roja….y anaranjada.

Autora/Artista: Kamyr Martinez

2 comentarios:

Alex Samuel Vélez dijo...

al fin veo la pintura anaranjada...me gusta... me g.u.s.t.a.

M.R. Salaman dijo...

Hola, Kamyr. Muy buena la historia y excelente pintura. !Bravo! Manuel Rosa